Hace faltar hablar con un italiano para conocer la cerveza italiana. Él es Federico Crulli. A través de Cerevisia Etrusca, su pequeña distribuidora, importa a España dos microcerveceras italianas: Birrificio 26 Nero y Birrificio Valdarno Superiore. Antes de encender la grabadora, pido una cerveza de la Toscana: una Strong Ale con espelta ecológica y patata roja de Cetica. La espuma de esta cerveza cremosa, dulce y sabrosa aguanta hasta el final de la entrevista.

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La cerveza italiana no se prodiga en España. Más allá de Moretti, Peroni y Baladin, son pocas las marcas que llegan a la península. “En España está un poco apartado el panorama italiano. Aquí se mira mucho más hacia el norte de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, en Italia hay en este momento 1.000 cerveceras artesanas en activo. El turista que tiene la idea de irse a Italia y hacer, por ejemplo, la ruta de los vinos de la Toscana; ahora también puede hacer ruta de las cervezas”, comenta Crulli.continua leyendo…Leer Más →

A pesar de la excelencia de nuestros vinos, las cervezas dominan en los ambientes de juventud y fiestas familiares. Además cuentan con estudiadas campañas publicitarias. Claro que ninguna narra la historia de la cerveza en los monasterios, que disputaron por su fabricación. Sorprende saber que en la abadía benedictina suiza de Saint Gall, los monjes la mejoraron de tal forma que el hermano Magnus sería con el tiempo santo patrón de los cultivadores de lúpulo.

Según cuenta el gastrónomo Néstor Luján, apoyándose en documentos del siglo X, en la citada abadía elaboraban tres clases de cerveza: una muy débil, que destinaban a los pobres y peregrinos que llamaban a la puerta pidiendo un mendrugo de pan y algo que beber; otra de mayor graduación alcohólica para uso del convento, y una tercera, deliciosa y capaz de quitar todas las penas, que se reservaban para los visitantes eclesiásticos de linaje.continua leyendo…Leer Más →