En las dos últimas décadas el ritual de la ayahuasca se ha mercantilizado:

En las dos últimas décadas el ritual de la ayahuasca se ha mercantilizado:

La muerte del canadiense Sebastian Woodroff e revela, una serie de cambios que se están produciendo en la cultura y el sistema de la medicina tradicional: el turismo shamánico y la mercantilización del uso de la planta maestra de la ayahuasca y otras plantas curativas.

Tanto Olivia Arévalo Lomas como el canadiense Sebastian Woodroff e fueron víctimas de este proceso que ya ha costado la vida de decenas de curanderos amazónicos en las últimas décadas relata en una parte de sus escritos el reconocido escritor y periodista Roger Rumrrill, a través de Servindi – Servicios de Comunicación Regional.


De acuerdo a las versiones que se han hecho públicas, Woodroff e era un adicto a las drogas que llegó a la Amazonía con la intención de curarse de su adicción a las drogas con la planta maestra de la ayahuasca.

Como Woodroffe, muchos europeos y estadounidenses y ciudadanos de otras nacionalidades y lugares del mundo, víctimas de las mayores y peores enfermedades de la sociedad humana del siglo XXI, atrapados por la pandemia del consumismo y la soledad por el vacío que genera una sociedad sin paradigmas, sin valores y obsesivamente individualista y materialista, llegan a Amazonía para curarse.

Algunos de ellos, luego de algunas experiencias, intentan convertirse en shamanes o curanderos sin cumplir las reglas tradicionales y rigurosas que impone el ritual ayahuasquero: la dieta, es decir, las severas restricciones y prohibiciones sexuales y alimenticias. Otra de las causas del fracaso de los aprendices de shamanes es su persistencia en seguir usando las drogas de mayor consumo en las sociedades industriales: cocaína, marihuana, mescalina, éxtasis, heroína y otras.

Además de estos intentos de aprendizaje frustrado del curanderismo o shamanismo, también muchos de estos usuarios de ayahuasca procedentes del Primer Mundo e incluso de países de África y Asia, son víctimas de los falsos shamanes o curanderos, sujetos inescrupulosos e inexpertos –con excepciones– que operan en las decenas y centenares de albergues turísticos a lo largo y ancho de la Amazonía y cuya principal oferta turística es un vuelo o viaje shamánico.

El autor de esta crónica, el conocido escritor Roger Rumrrill y la famosa antropóloga estadounidense, una de las pioneras mundiales del estudio de la ayahuasca, Marlene Dobkin de Ríos, recientemente fallecida, estudiaron el turismo shamánico y la mercantilización del ritual de la ayahuasca durante las dos últimas décadas.

El estudio ha sido titulado A Hallucinogenic Tea, Laced with Controversy. Ayahuasca in the United States, publicado en el año 2008 por Praeger Publisher en EEUU.

En ese estudio, los autores anticipan de lo que viene ocurriendo en la Amazonía con la mercantilización del alucinógeno y el turismo shamánico: falsos e inescrupulosos shamanes que alteran la combinación bioenergética ideal entre ayahuasca (Banisteriopsis caapi) y chacruna (Psychotria viridis) con otras sustancias extrañas provocando reacciones psicológicas extremas en los usuarios que los pueden llevar al crimen o al suicidio. Ya hay una larga lista de muertos entre los usuarios extranjeros víctimas de este tráfico y mercantilización de la ayahuasca.

El otro gran riesgo es que, tal como lo planteamos en el libro citado, en el capítulo El poder de las plantas y las plantas y el poder, los prohibicionistas a ultranza que se multiplican en el mundo con la oleada conservadora, inicien una campaña mundial del uso del ayahuasca, comparando al uso ritual de la planta con el tráfico de la cocaína y la heroína.

Indica, finalmente que el asesinato de Olivia Arévalo se ha producido como parte de este proceso de mercantilización de la ayahuasca, de los riesgos del turismo shamánico y de un nuevo ciclo de violencia en Ucayali y la Amazonía.

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