La #RIOJA se lanza a la conquista de los millennials

La #RIOJA se lanza a la conquista de los millennials

El Barrio de la Estación de Haro, capital del vino más selecto y emblemático de La Rioja, trata de rejuvenecer su clientela

Ya no basta con servir una copa de vino para atraer a los jóvenes que huyen del elitismo asociado a la enología. La cata hay que rodearla de experiencias nuevas e inolvidables para transmitirlas al mundo de forma instantánea a través de los smartphones


Los bodegueros de Haro, capital del vino más selecto y emblemático de La Rioja, han decidido aparcar su rivalidad para volcarse en la conquista del paladar de los «infieles» millennials. Son más de ocho millones de españoles de entre 20 y 35 años, exigentes, narcisistas, desconfiados e hiperconectados a las redes sociales, que prefieren salir de cañas o de botellón antes que disfrutar de una buena copa de estos caldos elaborados con mimo exquisito en bodegas centenarias creadas por los viticultores franceses que llegaron a la región a finales del siglo XIX como consecuencia de la arrasadora plaga de la filoxera que minó las vides de los campos galos.

«Tenemos que ser imaginativos para captar a esos chicos entre los que aún no han calado nuestras marcas y que serán sin duda los clientes del futuro», reconocen los propietarios de Muga que junto a los de Roda, Bodegas Bilbaínas, López de Heredia, Cune, La Rioja Alta y Gómez Cruzado preparan para el 16 de junio la quinta edición de la exclusiva Cata del Barrio de la Estación en este templo del dios Baco que ofrece embriagadoras experiencias vinculadas a la cultura vitivinícola, cuyos orígenes en Haro se remontan a más de 2.000 años, durante la dominación romana.

Es una actividad que llenó las arcas de los monasterios de la zona en la Edad Media y atrajo el talento de artistas tan insignes como Gustav Eiffel, responsable de la arquitectura de Cune, o más recientemente la iraquí Zaha Hadid, quien firmó la revolucionaria estructura que Viña Tondonia, en el meandro del Ebro del mismo nombre, erigió para celebrar su 125 aniversario.

Entregados a la elaboración y crianza de caldos extraordinarios, los bodegueros idean en torno a los raíles del viejo ferrocarril que transportaba sus vinos a Francia en enormes fudres, nuevas propuestas para aumentar el consumo de vino en España, uno de los más bajos del planeta, a pesar de ser el segundo productor y tercer exportador mundial del exquisito jugo de su uva.

«Aquí se beben entre 18 y 19 litros por persona al año frente a los 45 que se toman en Francia y en Italia», lamenta Juan Muga en la única bodega de España que cuenta con un maestro cubero y tres toneleros en nómina para sellar sus barricas repletas de vino y cava. Decidido a poner sus caldos de moda entre los jóvenes sin renunciar al sibaritismo enológico que blasona la casa, Muga, abierta en 1932, se esmera en ofrecer cursos de iniciación a la cata, almuerzos maridados y hasta un viaje en globo aerostático para dar a conocer el sorprendente viñedo riojano desde el aire.

Ya no basta con servir una copa de vino para atraer a estos jóvenes que huyen del elitismo asociado a la enología. La cata hay que rodearla de experiencias nuevas e inolvidables para transmitirlas al mundo de forma instantánea a través de los smartphones, coinciden en subrayar los bodegueros, convencidos del gran potencial del sector para reinventarse y conquistar nuevos públicos desde este Barrio de la Estación, de menos de un kilómetro cuadrado de superficie, donde se producen algunos de los vinos con más pedigrí.

«Cada bodega tiene su personalidad y competimos unas con otras pero ahora nuestro principal interés es promover la excelencia de nuestros vinos y cavas en general», pregona María Urrutia, directora de enología de la Compañía Vinícola del Norte de España (Cune), una bodega familiar fundada en 1879 que lanza a cuenta gotas el emblemático Imperial, el tinto de las mejores añadas, elegido en 2013 como el mejor vino del mundo y degustado en la boda de los Príncipes de Asturias.

En la inmensa nave de hierro construida durante 17 años por Gustav Eiffel con muros de piedra de sillería, Cune guarda sus caldos en barricas de roble blanco francés y americano de 225 litros que aportan aromas a vainilla, coco y ahumados tal y como ideó a finales del siglo XIX Eusebio del Real, el bilbaíno que se mudó con su hermano a este municipio riojano, el primero de España en contar con tendido eléctrico, en busca de un clima menos húmedo.

Para satisfacer el ansia de protagonismo de los millennialls, que en Estados Unidos ya son los principales bebedores de buen vino y que en Francia saben disfrutar de las 'barras de vino', La Rioja Alta mima a sus visitantes con una original muestra de la trasiega artesanal para filtrar y quitar los pesados bitartratos o posos a los caldos que sus empleados realizan a la luz de una vela durante el periodo de crianza en las más de 24.000 barricas de roble americano de su centenaria bodega fundada en 1890 por cinco familias riojanas y vascas.

Roda, la bodega más joven del Barrio de la Estación, fundada en 1987 pero con viñas de más de 60 años, trabaja en la recuperación de más de 500 clones de uva tempranillo en su empeño por estudiar los efectos del cambio climático en las vides. Presenta como reclamo las visitas en carruaje al viñedo Perdigón donde crecen cerca de una necrópolis celtíbera las cuatro variedades de uva con las que se elaboran los tintos de Rioja: tempranillo, graciano, garnacha y mazuelo.

Con respeto, paciencia y sin prisa, López de Heredia exhibe el stand modernista que el fundador de la bodega, Rafael López de Heredia, un carlista exiliado en Francia, llevó en 1910 a la Exposición Universal de Bruselas. Encapsulada ahora en el armazón con forma de botella invertida realizado por la arquitecta Zaha Hadid para conmemorar los 125 años de esta bodega tiene como buque insignia la emblemática marca de Viña Tondonia. «Embotellamos siempre a partir del sexto año de crianza», explican los directivos del conocido como «Rioja Supremo», elaborado desde hace más de 140 años y destinado en sus orígenes solo a los hombres «que llevaban corbata», una tentación para seducir a los informales millennials, cautivados ya por la gastronomía pero lejos aún de descubrir la magia del vino.

El suelo mineral y salino da el toque personal a los vinos de Bodegas Bilbaínas compradas en 1901 a un grupo de viticultores franceses instalados en Haro en 1858, Especializada en un primer momento en la elaboración de cava, el calado subterráneo de tres kilómetros hecho a mano sirvió para elaborar el selecto Clicquot galo durante la invasión de Francia por Alemania en la I Guerra Mundial. «Nos gusta mostrar a nuestros visitantes el proceso de degüelle de estos espumosos llenos de burbujas», celebra Jesús Yagüe que lleva más de 40 años extrayendo a mano con un golpe seco en la cabeza de las botellas las levaduras de la segunda fermentación de los cavas de esta marca que se ha especializado en el tatuaje de las barricas. Un reclamo más, cómo no, para los millennials.

Con una sabrosa sopa de carne y verduras de la zona reciben a los visitantes los dueños de Gómez Cruzado, la bodega más pequeña del Barrio de la Estación. Compraron su viñedo al octogenario Eugenio Ventosa, un clásico que todavía cuida el terruño heredado de su padre mientras invita vehemente a la juventud a cambiar los 40 grados de una ginebra por las benéficas propiedades de los caldos riojanos. Los millennials, en la diana del vino de Rioja.

Natalai Vaquero

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